Importa dónde se fabrica

La historia detrás de Ida Mae Home

Kristen Kiseljack de pie junto a un caballo, luciendo un par de botas Ida Mae en color azul.

Kristin Kiseljack

Kristin Kiseljack no habla de las colchas, ante todo, como productos. Habla de lugares, de personas y de momentos. Recuerda la casa de su abuela en Waco. Era pequeña, pero nunca se sintió así. En la cocina siempre había algo cocinándose; las verduras provenían del huerto y las tardes se prolongaban un poco más de lo previsto escuchando las historias de la abuela Ida Mae, pues nadie tenía prisa por marcharse.

«Mi abuela era mi persona», dice Kristin. «Nos sentábamos a escuchar historias sobre cómo creció: yendo a la escuela a caballo, trabajando en la granja. Era, simplemente, una forma de vida diferente».

Lo que perduró en ella no fueron solo las colchas que hacía su abuela, sino el entorno que las rodeaba. La confección de colchas era una actividad que transcurría al compás de las conversaciones, las risas y la vida cotidiana. Esa sensación acompañó a Kristin mucho antes de que siquiera considerara fundar una marca.

Su trayectoria profesional comenzó en un entorno muy diferente. Estudió contabilidad, se mudó a Londres y, con el tiempo, desarrolló una carrera en el ámbito de las compras y la comercialización minorista. Este trabajo le otorgó una aguda comprensión del producto, los márgenes y la escala. También la expuso a la complejidad de la manufactura global y a la distancia que, a menudo, existe entre una idea y el producto final que llega dentro de una caja.

Años más tarde, tras adquirir un negocio de colchas y regresar con su familia a Texas, se sumergió de lleno en ese sistema. El negocio dependía de la producción en el extranjero. Las relaciones eran sólidas, pero el proceso conllevaba variables que ella no podía controlar: la calidad fluctuaba, los plazos se dilataban y las decisiones tomadas a la distancia se materializaban de formas que ella no siempre podía respaldar.

Con el paso del tiempo, el impulso que Kristin sentía por repatriar la manufactura a Texas se convirtió en algo que ya no podía ignorar. «Estás poniendo tu nombre en un producto», afirma. «Y cuando no puedes controlar cómo se fabrica, eso se vuelve difícil».

En 2020, cuando el mundo desaceleró su ritmo y las cadenas de suministro comenzaron a colapsar en tiempo real, Kristin vio la oportunidad de cambiar de rumbo. La decisión de trasladar la producción a Texas no fue inmediata ni sencilla, pero sí fue inequívoca. «Si pueden hacerlo en otro lugar, nosotros podemos averiguar cómo hacerlo aquí», sostiene; y así nació Ida Mae Home, en honor a la abuela de Kristin.

Lo que siguió exigió reconstruir el proceso desde los cimientos, aprender de los errores e invertir en el equipo adecuado tras haber fallado en el primer intento. Requirió paciencia y la disposición a empezar de nuevo cada vez que algo no cumplía con los estándares exigidos. Sin embargo, lo que se creó fue algo totalmente diferente; algo de lo que Kristin y su equipo se sienten verdaderamente orgullosos.

Una colcha de Ida Mae reposando sobre una cerca metálica, con un caballo de pie detrás.

Hoy en día, cada pieza comienza como un trozo de tela en blanco y atraviesa un proceso que se lleva a cabo bajo un mismo techo. La impresión, el acolchado, el corte y la costura ocurren todos al alcance de la mano. Esta proximidad lo cambia todo, permitiendo realizar ajustes con rapidez. La calidad puede observarse y corregirse de inmediato, y la distancia entre la idea y el resultado final se ha acortado de una manera que se percibe como intencionada. Y lo que es aún más importante: esto generó algo que Kristin había echado de menos: el sentido de propiedad sobre el proceso. «Ahora sabemos exactamente qué es lo que sale por la puerta», afirma ella. «Hay orgullo en ello. A nuestro equipo le importa cada pieza».

Ese sentido de cuidado se extiende más allá de las paredes del negocio y llega hasta su vida familiar, donde la marca no se disocia de la rutina diaria.

La hija de Kristin, Harper, ha crecido inmersa en el estilo de vida del Oeste, compaginando sus estudios con la competición en la disciplina de *reining*, largas jornadas en exhibiciones y la disciplina que conlleva el cuidado de los caballos. Es un estilo de vida que exige constancia y resiliencia; un ámbito donde el progreso se mide a lo largo del tiempo, y no en instantes aislados. «Creo que los caballos te enseñan de todo», comenta Kristin. «Aprendes a seguir adelante, a afrontar la derrota y a presentarte de nuevo al día siguiente».

Beckett, su hijo, ha participado de manera igualmente activa, colaborando en las tareas cotidianas que conllevan el cuidado de los animales y el mantenimiento de la propiedad. Ahora que se prepara para marcharse a la universidad, Kristin percibe el cambio que trae consigo una transición de tal magnitud. Siente entusiasmo ante lo que está por venir, pero también una profunda conciencia del valor que han tenido esos momentos cotidianos.

Esa perspectiva moldea su visión del negocio.

Harper de pie frente a una arena con un caballo marrón.

La hija de Kristin, Harper

Los productos no se diseñan de forma aislada; se utilizan en los entornos para los que fueron creados. Las colchas están pensadas para ser usadas y lavadas, lo cual contribuye a su suavidad. Los bolsos se llevan por los recintos ecuestres y se cargan en los camiones. Las chaquetas y los chalecos se usan tanto en la pista como en la oficina, integrándose a la perfección en ambos ambientes. Estos productos forman parte de la vida misma; son mucho más que simples objetos.

El crecimiento de Ida Mae Home ha seguido un patrón similar. No ha sido forzado ni excesivamente estructurado; más bien, ha evolucionado gracias a una atención constante y minuciosa. Todo el proceso de Ida Mae Home es reflexivo e intencional: desde el aprovechamiento de los retazos de tela sobrantes de la confección de colchas para crear chaquetas y bolsos, hasta el diseño de patrones que el equipo de Ida Mae Home —y sus clientes— adoran genuinamente. Cada nuevo producto ha surgido de plantear una sencilla pregunta: ¿qué más podríamos crear a partir de los recursos que ya tenemos a nuestro alcance? Este enfoque ha permitido a la marca expandirse sin perder su esencia ni su centro.

Al mismo tiempo, los valores de Kristin se han extendido a ámbitos que tienen una gran relevancia en su vida personal. Su vínculo con los caballos incluye labores de rescate, una actividad que tuvo su origen en un momento profundamente humano. «Estaba apoyada en la valla, observando a unos cuantos caballos que se encontraban en un corral de sacrificio, cuando un burro se me acercó y apoyó la cabeza en mi hombro», relata. «Miré a mi hija y le dije: "Nos lo llevamos a casa"». Aquel burro se convirtió en un miembro muy querido de la familia. «Era tan dulce...», comenta Kristin, evocando con cariño la divertida personalidad del animal.

Ese instinto de cuidar, de asumir la responsabilidad de aquello que se presenta ante uno, se manifiesta en más de un aspecto de su vida. Si se observa con perspectiva, se advierte que Ida Mae Home no es un negocio construido en torno a una categoría de productos, sino más bien un proyecto erigido sobre un estilo de vida, profundamente arraigado en la tradición y en el cuidado de la calidad.

Una bolsa para botas Ida Mae y una bota Tony Lama sobre unos escalones de madera.

Tony Lama x Ida Mae Home

En esencia, la marca representa la continuidad. Une el pasado y el presente a través de un proceso que honra a ambos. Para Kristin, esto significa construir algo que su abuela reconocería, al tiempo que crea algo en lo que su hija pueda integrarse y darle su propio estilo.

Ese mismo sentido de continuidad es lo que hace que la colaboración entre Ida Mae Home y Tony Lama resulte natural. Ambas marcas se fundamentan en la artesanía, están moldeadas por la herencia y han sido creadas para personas que viven este estilo de vida día a día. Existe un entendimiento compartido de que aquello que vestimos, así como los objetos que incorporamos a nuestro hogar, deben perdurar en el tiempo y poseer un significado que trascienda el momento presente.

Al unir a Ida Mae Home con Tony Lama, el resultado no es una simple colaboración de productos; es el reflejo de una forma de vida compartida, en la que la tradición se perpetúa a través de un diseño cuidado y del uso cotidiano. Es la continuación de historias que comenzaron mucho antes de que existiera cualquiera de las dos marcas, y un recordatorio de que las cosas que elegimos mantener cerca suelen ser, precisamente, las que más perduran.

Cada pieza sigue comenzando de la misma manera: con un lienzo en blanco de tela o cuero. Aquello en lo que se transforma es moldeado por las manos que la confeccionan, por las vidas que se viven a su alrededor y por la historia que continúa narrando.